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Asia :: 300 días de viaje solA. Parte VI

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Camino a Monte Popoa en un camión de mangos verdes. Myanmar.
Foto: www.viajarxmundo.com
Después de muchos trámites, y varios dólares extras de por medio, conseguí mi Visado a China. ¡Y vaya si valió la pena! China es un mundo único. NO guarda semejanza alguna con los demás países del Sudeste Asiático y mucho menos con Argentina. Todavía recuerdo la desesperación que me invadió el primer día en China cuando no encontraba un punto de referencia familiar. Muy pocas personas hablan otro idioma a parte de chino y todo está en chino, por lo que me resultó una tarea titánica comunicarme. No obstante, es un país al que volvería una y mil veces. La gente parece impenetrable, pero una vez que lograba ofrecerles confianza me incorporaban en sus vidas como si me conocieran desde niña. Uno de los recuerdos más bonitos que preservo es la cena en torno al fuego en los arrozales de Guillín comiendo brotes de bambú. Y las risas instriónicas de la dueña del hotel y sus amigas después de ver mis trucos de magia con cartas. Gente adorable. 

El paso obligado, si de conseguir buenas tarifas aéreas se trata, para salir de China es Hong Kong. Como pocas veces sucede, la imagen que tenía de Hong Kong, con sus mercados a puertas abiertas, luces de neón, carteles enormes y bullicio penetrante, se hicieron realidad. El imaginario popular en Hong Kong cobra vida. Al igual que Singapur parece implantada en Asia. La energía de esta ciudad no dejaba de empujarme hacia delante.

Continuará... 

¡A VIAJAR! 

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