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Asia >> Vietnam >> Del delta a la montaña, por que SI 

Bap Tam - Desayuno - Mui Ba Den - Vietnam
Foto: AAD
viajar X mundo
El día siguiente nos encontró en Tay Ninh y con una larga jornada por delante. No encontrabamos nada local (público) que nos acercara a Mui Ba Den, la montaña de Tay Ninh, que se levanta, como la panza de un "happy buda - buda feliz" en la planicie que rodea Tay Ninh. 

Teníamos dos opciones: taxi privado o pie. Por supuesto optamos por la seguna y nos enfrentamos a una caminata de 11km, a lo que se sumo un breve desvió - leasé perdida -, un sol desalmado y una humedad asfixiante. Cuando finalmente llegamos a destino estabamos extenuados y el Mui Ba Den nos aclamaba desde la cima (1.000 metros de altura). 

Poniendo en marcha las calorías del desayuno (arroz con leche, coco y frutos secos - ver foto) me enfrenté a las escalinatas. Las opciones de transporte a la cima sofisticados - telesilla y tobogan - fueron desplazados por el medio tradicional: los pies. 

Estaba concentrada en mi cansancio, cuando sentí un leve grito. Miré para arriba y ví como una niña se desplomaba  - en el más amplio sentido de la palabra - como una muñeca de trapo escaleras abajo tras un breve tropiezo. Los padres miraban impávidos como la niña rebotaba de un escalón al siguiente, algunas veces con la cabeza, otras con la cadera para seguir con la espalda. Mientras la veía desplomarse escaleras abajo empecé a pivotar de derecha a izquierda, cual arquero, esperando poder atarjarla. Finalmente se detuvo, corrí para auxiliarla mientras los padres bajaban lentamente. Finalmente llegaron y con una tranquilidad angustiante, el padre limpió la sangre de uno de los dedotos machucados, después le refregó la frente tratando de desincrustar las piedritas que habían penetrado en la herida. 
Vistas al valle desde los baños - Mui Ba Den - Vietnam
Foto: AAD
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La madre, mientras terminaba de masticar una manzana no paraba de decir "tchu tchu tchu tchu". Un sonido entre reto, enfado y nana. Cuando la niña empezaba a esbozar una queja la madre empezaba con el "tchu tchu tchu tchu" nuevamente y la niña se callaba. MAGIA... 

La niña, cual heroína infantil, no derramó ni una lágrima.

Sin terminar de digerir lo vivido terminé mi ascenso, foto aquí foto allá (con el móvil porque la cámara decidió mandar al "enfoque" de vacaciones y me abondonó en el ascenso del Mui Ba Den) descubrí un mirador increíble con vistas a los arrozales que duermen a los pies del Mui.La ubicación del mirador es ironía pura: el balcón donde se agolpan las puertas a los sanitarios. Bizarro pero real; las mejores vistas la tienen los sanitarios. !VIVA LA PLANIFICACIÓN TURÍSTICA! 

Descenso atropellado, que terminó de agotarme y depositarme como paquete a las espaldas de un moto-taxi. Las piernas me pedían clemencia.

Tras un merecido descanso, el Templo Caoista más importante de Asia nos esperaba, y por supuesto que el medio elegido fue a pie, tras el desenlace del día había que encontrar un punto de unión con la actividad matinal, para cerrar la trama. Así que nuevamente en la calle esquivando a todos nuestros potenciales choferes. 

Llegamos para la puesta del sol, cuando el color realza  cada color. El templo se transformaba a cada minuto. Esperábamos la llegada de las 6 de la tarde, cuando se celebra el servicio caoista, la hora llegó y las puertas del templo no se abrieron. La actividad teatral, por nuestra parte, se puso en marcha para tratar de explicarles a los monjes caoistas, que estaban sentados en la puerta, el motivo de nuestra visita. Tras algunas risas y sonrisas, la puerta se abrió y el templo se desplegó sólo para nosotros. 

Día colapsado y agotador. Si. Pero perfecto. 

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