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Asia · Camboya · Phnom Pehn: Salta salta, pequeña langosta.

Asia · Camboya · Phnom Pehn

Pastelitos - Phnom Penh - Camboya
Foto: AAD
viajar X mundo
El trayecto a Phnom Pehn fue un ida y vuelta entre cabeceos de cansancio después de la noche entrecortada por los llantos de sister ante la inminente despedida, y los llamados incesantes de sister tratando de prolongar el contacto a través del teléfono. El interrogante sigue ahí ¿fue bueno visitar una familia, crear un lanzo afectivo intenso y verse forzada a cortarlo de cuajo? ¿Se justifica crear tanto dolor en una niña, pese a los maravillosos momentos compartidos? Preguntas sin respuesta que surgen en cada viaje, en cada una de las personitas que se cruzan en tu ruta... 

Finalmente llegué a Phnom Pehn, y el bus, como si me conociera, me dejó a escasas cuadras de uno de los tantos mercados que colorean la capital. Había mil opciones para llegar a destino, la zona de alojamientos, pero como siempre me sumergí en la callejuelas y me encontré con un manjar a ruedas... unos pastelitos de arroz, rellenos con verdura, rebozados y salteados. Crocantes por fuera, tiernos por dentro. Frescos, calientes y exquisitos. Sentadita en la vereda llegó la mirada "Por acá no vienen muchos turistas. Bienvenida." ¡¡¡QUE PLACER!!!

Sopa- Phnom Penh - Camboya (Mapa)
Foto: AAD
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Con el estomago lleno, búsqueda de alojamiento. Después de un breve rastreo me deposité en TAT Guest House. Sí, es el típico espacio Lonely Planet, plagado de turistas, servicio de bus, etc. pero con las habitaciones más baratas de la zona. 

Agotada física y emocionalmente como me encontraba decidí darme la tarde libre y me refugié en el barrio. Me regalé una sopa exquisita que se cocina sobre la mesa... te sientas e inmediatamente se enciende una hornalla/fuego sobre la mesa y llega entonces tu olla con el caldo y una bandeja plagada de verduras, hongos/setas, carnes, etc. que cocinas a gusto. Es la versión asiática de la fondue francesa... 

El día siguiente me encontró con mucha vagancia/pereza. Es normal. Cuando viajas por varios meses llega un punto en que necesitas no hacer nada. Parece mentira que en pleno viaje, donde no hay obligaciones y no necesitas cumplir horario necesites "no hacer nada", pero lo cierto es que viajar es agotador... aunque resulte imposible entenderlo. 

Repartidor de hielo- Phnom Penh - Camboya
Foto: AAD
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Antes de zambullirme en la ciudad decidí continuar con la sintonía de mercaditos. Algunos están "tuneados" para los turistas, como el del centro de Phnom Pehn, pero otros - especialmente los que se encuentran fuera del circuito turístico - conservan una autenticidad increíble. Ahí me encontré con mi preciado arroz negro con coco, pudín y leche con canela. El desayuno perfecto. A la salida, la imagen del día, el repartidor de hielo (ver foto). 

En escasos 800 metros que recorrí hasta el mercado me ofrecieron un millón de veces llevarme en moto a donde quisiera. Incluso ejecutivos camino a la oficina, con maletín en mano, se convierten en taximoto en esta ciudad. Están en todas partes. TODAS PARTES. No podía creer que me ofrecieran transporte cuando estaba en la puerta de un museo, comprando la entrada, leyendo la guía. Si estoy comprando una entrada no me voy a ningún lado. Es obvio ¿no? Para ellos no. No hay persona con las plantas en el suelo que no se convierta en un potencial cliente para ellos. 

Huevos - Phnom Penh - Camboya
Foto: AAD
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Tratando de mantener la sonrisa y el "no, thank you" recorrí la ciudad como si fuera famosa y no quisiera firmar autógrafos, con anteojos de sol y mirada esquiva, de otra manera era imposible circular. Imposible. 


Salté como un saltamonte del Palacio Real, a la Pagoda de Plata y finalmente el Museo Nacional. Todos cerrados y a falta de energías lo leí como un designio del cielo... no eran para mí... no en esta visita. Habrá que regresar... 

Ay días inspirados y días en los que se va de vacaciones. Este era una de ellos.

Regreso para hotel y nueva parada en un tercer mercado para comer una especie de crepe relleno con brotes de soja servido con croquetas de verduras y mani servidas con verduras frescas (lechuga y pepino). Caminata a paso lento hacia TAT y cuarta parada en otro mercado para el postre. Bananas rebozadas en sésamo. 

Al final del día me sentía como una langosta saltando de comida en comida, de mercado en mercado... Salta, salta, pequeña langosta. 




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